domingo, 28 de junio de 2009

Torre de Hércules, Patrimonio de la Humanidad



El sábado día 27 de junio de 2009, la Torre de Hércules fue declarada por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad.

Todos los coruñeses lucharon hasta el final para conseguir que la Torre fuera de todos.

Nos sentimos muy, muy orgullosos de la torre, además esto dará a conocer la ciudad y será beneficioso para Galicia, en especial A Coruña.

La torre de Hércules es el único faro milenario romano que está en funcionamiento, ya que existe otro que es el de Alejandría pero de él sólo se conservan sus ruinas.

De noche es muy bonito ver la Torre encendida alumbrando y guiando los barcos. El sábado tuve la enorme fortuna de poder escuchar en directo a pie de la Torre el momento en el que la nombraban definitivamente Patrimonio de la Humanidad. Mis padres, mi hermana y yo fuimos de los primeros en subir a la Torre después de que esta fuera nombrada, disfrutando de las maravillosa vistas que desde allí se pueden divisar: playa de Riazor, Monte de San Pedro, Estadio de Riazor, Museos y sobre todo unas magníficas vistas.

Así que ya sabéis, cuando vengais a Galicia no dudeís en visitar esta maravilla!! Aquí os dejo unas fotos de la torre.


Sara

lunes, 15 de junio de 2009

Cambios..


Estabamos sentados en las rocas,
a pleno día,
el sol salía,
el mar se ondulaba,
tú me abrazabas.
Me senté en la arena,
despacio y tranquila,
mi libro se levantaba,
el vientos se lo llevaba.
Desapareciste sin dejar huella,
nunca más te encontré,
cambios de un día a otro,
un agujero en mi piel.
Supongo que con el tiempo,
todo lo afrontaré,
pero ese día estuve asustada,
hasta el atardecer.
Fueron cambios,
bastantes bruscos,
pesados y atolondrados.
Fueron días,
fueron cambios,
desapareciste sin dejar rastro.

domingo, 14 de junio de 2009

Cornellà, ciudad milenaria


(en castellano)

De golpe, nos damos cuenta que la vida forma parte de un tiempo que casi crece de punta a punta, y se enfila por los rincones más inexplorables, para que nadie pueda saber muy bien dónde está y así, impedirnos de vivir para siempre.

Pero tenemos memoria, e incluso recuerdos tan buenos, que no habría presente si, día a dia, no intentáramos encontrar la razón de viajar más allá y recuperar y vivir los sueños.

Eso sí, tenemos que crecer, tenemos que salir del caparazón, y observar qué queremos recuperar, qué cosas podemos hacer para mantener un buen recuerdo.

Los míos están en Cornellà. Caminan, corren y envuelven todas las calles y edificios de esta ciudad milenaria. Haga sol, viento o caiga una lluvia de mil demonios, estarán ahí.

¿Y hoy? ¿Hará sol, viento, puede ser calor? Me espera un largo paseo por los rincones del tiempo, aquellos espacios y construcciones que cada día me vuelven a ver crecer, porque estoy seguro que Cornellà, algún día, también se acordará de mí.


(en català)

De sobte, ens n’adonem que la vida forma part d’un temps que gairebé creix a banda i banda, i s’enfila pels racons més inexplorables, per tal que ningú pugui saber ben bé ón es i així, impedir-nos de viure per sempre.

Però tenim memòria, i fins i tot records tan bons, que no hi hauria present si, dia a dia, no intentarem trobar la raó de viatjar més enllà i recuperar i viure els somnis.

Aixó sí, hem de crèixer, hem de sortir de la closca, i observar qué volem recuperar, qué coses podem fer per mantendre un bon record.

Els meus són a Cornellà. Caminen, corren i envolten tots els carrers i edificis d’aquesta ciutat mil.lenaria. Faci sol, vent, o caigui una pluja de mil demonis, estaran ahí.

I avui? Fará sol, vent, calor potser? M’espera una llarga caminada pels racons del temps, aquells espais i construccions que cada dia em tornen a veure creixer, perque estic segur que Cornellà, qualsevol dia, també se’n recordarà de mí.

miércoles, 10 de junio de 2009

El tren de la derrota

¡Qué lento va este tren, y qué angustioso! Parece cojear por alguna de sus ruedas y, entre suspiros metálicos y chirriantes estrépitos, nos zarandea incesantemente con la única preocupación de cabalgar a lo negro del camino. ¡Qué largo se está haciendo!

Enfrente, está mi padre, con gesto adusto y grave; lleva una gélida expresión suspendida en sus arrugas y cabizbajo, y silencioso, y tan distante como un extraño, entona el mea culpa con impía esquivación de mi mirada. ¡Qué complicado trayecto nos espera!

Lleva puesto el traje de pana de los domingos, con la camisa de franela y la corbata oscura; la favorita de mamá, la de ministro que la llama. Permanecerá con ese atuendo hasta la vuelta, la situación lo requiere, y con esa expresión rencorosa de abatimiento.

Mamá ocupa su lado y no me pierde de vista, como si acotando mi horizonte ahora pudiesen evitar lo que ha pasado. Lleva los ojos impregnados de tristeza y el vestido que llevó a la boda de la tía Paquita, un chal perlado de ganchillo, los pendientes de oro y los dos anillos de la abuela; siempre ha dicho que una señora debe, además, parecerlo. Ahora piensa que me he pasado la vida oyendo lo mismo siempre y no escuchando nada.
Tiene la cara hecha al sufrimiento y a la abnegación, pero hoy presenta una expresión en especial desencajada. ¡Y este maldito tren no para de zarandearnos!

-Padre, con su permiso.

Una violenta incursión en el silencio mortecino que nos ocupa ¡inútil, ni levantó la cabeza!

Por el pasillo veo otras estampas de idénticas trazas; padres consternados, madres descompuestas, culpas imperdonables, todos arrepentidos… este parece el tren de la derrota. ¡Con qué torpeza avanza este cacharro, y qué lento!

En Irún haremos trasbordo al autocar y de allí en tres horas habremos llegado. Luego todo será cuestión de unas pocas horas más ¡Qué interminable!

-Ya estoy, gracias.

Vuelvo a mi asiento. No logro interferir en el silencio que nos acosa, con el desacompasado balanceo todo se me descoloca y las ideas también se me remueven ¡No puedo aguantar el tipo mucho tiempo más! Trato de repasar lo indescifrable ¡Si yo supiese explicarme como ellos, cuánto más fácil sería todo!

Mamá no falló en nada, ni padre tampoco; pero ellos creen que escuchan una explicación aduladora que ruega su perdón. Sin embargo, aunque el miedo me llega a la barbilla y no me quedan palabras de arrepentimiento… ¡No es justo, ni yo ni nadie sabe cuánto de mucho, o de poco, son mis quince años!

Lo he hecho todo mal, lo sé, pero ellos no entienden nada. Talvez, pongo la cabeza donde el error hace su huerta y el corazón donde comen los fracasos; pero le quise, ¡Joder, que si le quise! y le quise de verdad. No era un espejismo y no hay cordura que sepa zafarse de esa entrega.

No lo pensé, quizás porque entre los vapores de sus besos no alcanzan las prudencias a competir con el sabor de un sueño hecho realidad (a esta edad no se conocen muchos sueños de estos), quizás porque la vida atenta de lo que me depara lo establecido no es mucho mejor que mi pecado, o quizás porque jamás hubiese calculado que él se volvería invisible de repente… ¡Cómo explicarles que me ha roto el mundo por todas partes!

Quizás, porque soy lo peor, y he decepcionado a todos, ahora empiezo a comprender que era inevitable ¡Qué desapacible está siendo este viaje! y este maldito tren baila empeñado en no llegar nunca, parece recrearse en mi castigo.

Mi madre está amoldada a su pellejo como anillo al dedo ¡Cuánto la envidio! Así es fácil; no tiene dudas, no se equivoca, siempre siente lo mismo, piensa lo mismo, sufre lo mismo… (Menos ahora, que he roto su cielo y su norte tan deshonrosamente… Pero ella es fuerte, saldrá de ésta, Ojala fuese igual de fácil para mí).

Mi padre sigue rebanándose el cerebro, descontándome afectos en cada traqueteo del vagón, desterrando los abrazos y las complicidades del recuerdo, haciendo añicos cada gracia, cada beso, cada orgullosa emoción que compartimos desde que nací, -¿Tan poco vale eso? ¡Pues todo lo que tengo!- y haciéndome la cuenta. Creo que el odio es la defensa que tienen los hombres para engañar el dolor, y mi padre es muy sentido.

Quiero ser fuerte, quiero ser como él de inquebrantable, seguro, recto… Este tren jamás confunde su camino y sin embargo pasa cada travesaño como si fuera el último. ¡Qué estático es el tiempo cuando se enquista!

Al menos, todo esto servirá para ver Francia y poder decir que estuve en el extranjero… ¡A quién quiero engañar, todo eso es accesorio y no consuela; ya ni siquiera me acompaña la niñería! ¿Será así de insensible la madurez?

Mañana todo habrá acabado, la excusa del funeral de un tío inventado de mi madre para venir a Francia lo acabará todo. Habrá acabado mi inconsciencia, mi estúpido embarazo, mi cálida armonía en el seno protector de la familia, mi sentimiento de culpa y, si algo de suerte me queda, mi vida sobre las desgarradoras ruedas chirriantes de este tren que se resiste a llegar aunque no tenga escapatoria.

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domingo, 7 de junio de 2009

El destino.


Cogió el buzo, se puso el sombrero y en silencio se dirigió a la huerta. Lloviznaba a ratos, el frió era inaguantable, los árboles se movían pero ella creía que era un buen día para coger los frutos de la plantación.Vivía en un pueblo en el que las casas no eran abundantes, la gente aún menos, pero su pasión por el campo, por la naturaleza, era más que todo eso.Ana era su nombre, azules sus ojos, sus sentimientos dorados, su pelo libre como el viento.Ese mismo día tenía que recoger los frutos y las hortalizas que meses atrás había plantado. Entonces cogió el cubo, la escalera y empezó a trabajar. Los árboles que la esperaban eran muchos: cerezos, naranjos, manzanos, lechugas, tomates...

Después de tener mitad del trabajo hecho se paró un poco a descansar. En ese mismo instante la puerta se cerró, las voces aturdían en la cabeza de Ana, todo daba vueltas. Se hechó a correr como nunca lo había dicho, como nunca pensó hacer.
Después de dos horas de vagar por el bosque y no saber donde se encontraba, la chica se sentó bajo un árbol. Pensó una y otra vez, veces y veces sin alcanzar nada, sin llegar a encontrar la solución. Aunque en el fondo no se lo creía, se había perdido.
Se levantó, subió el sombrero y se dispuso a encontrar el camino de vuelta. Estuvo una hora y media paseando y buscando la solución. Llegó a la orilla del río, allí encontró una casa media abandonada, llamó a la puerta, pero como no había nadie entró. En la pequeña casa había una mesa, una cama y una cocina de leña. Parecía que allí residía alguién.
Se acostó en la cama, como estaba tan cansada se durmió pronto. A la media hora apareció un hombre con leña en el hombro, parecía tranquilo y venía de muy buen humor. Despertó a Ana dándole un suave toque en el brazo. Tan pronto estuvo despierta se arrodilló delante del joven explicándole lo que le había pasado. El hombre atendió asombrado a cada palabra de Ana. Entendió toda la historia, y decidió ayudarla. Hoy se quedaría en la pequeña casa, pero mañana emprendería el camino de regreso.
Allí mismo, por casualidad, porque el destino lo había querido, allí surgió una verdadera amistad. Una amistad fantástica de lo que los dos se sienten muy contentos y felices.
Años más tarde se casaron, vivieron felices en el campo con la naturaleza y los animales. Siempre se acordaron de esa casualidad, la que les había hecho felices la vida, del destino que les había mantenido juntos.
Sara.

miércoles, 3 de junio de 2009

Atardecía, empezaba mi nueva vida...


Ayer mismo estabamos,
sentados en la arena,
debajo de una palmera,
donde me prometiste,
amor eterno.


Te sonreí,
con miedo en la cara,
con temblor en las piernas,
con mi corazón impulsado,
a un sueño quebrado.

Fue maravilloso,
la tarde que pasamos,
el viento,
el momento,
aquel instante.

Atardecí junto a tí,
estaba ansiosa,
nerviosa,
con mil preguntas por hacerte,
con mil sueños por cumplir.

Ese día marqué el comienzo,
de una nueva vida a tú lado,
de un espectácular día de verano.

ATARDECÍA, EMPEZABA MI NUEVA VIDA....


Sara.