jueves, 13 de agosto de 2009


Todos los días tomo cuatro trenes entre ida y vuelta del trabajo. En horarios en los que sus pasajeros son mayoritariamente trabajadores, los vagones se convierten en reuniones improvisadas de miradas perdidas, de intenciones mudas y de conversaciones muertas antes del saludo. Periódicos gratuitos arrugados, libros con pegatinas de oferta y fotocopias de apuntes sin subrayar son habituales compañeros de viaje para no tener que fingir que se mira a un túnel, tan negro como sucio, al que nadie en su sano juicio miraría. Las escasas sonrisas de los viajeros, tan anheladas como buscadas, se contrarrestan con las cabezas bajas , incapaces de esconder la verdadera realidad. No se viaja en tren por gusto, el trenismo no es deporte olímpico, ni aparece en la guía Campsa como un lugar de ensueño; se viaja porque no queda otra y eso, se refleja en la cara de los deportistas. Los movimientos son lentos y pesados, los escasos comentarios, fingidos, y el silencio, solo interrumpido por los anuncios acústicos de próximas paradas y correspondencias, es de esos que no permiten disfrutarlo.
Móviles que no suenan por mucho que se miren, maletines que no contienen nada, bolsas de compras con objetos viejos de tanto mirarlos y reproductores de música que emiten canciones demasiadas veces repetidas, son los intentos, infructuosos, de evadirse del trayecto. No importa si el viaje es de ida o de vuelta, el suelo, que simula el granito con puntos rojos que sustituyen al feldespato, siempre es objeto de culto. Las conversaciones en los grupos obligados a formarse, se repiten día tras día, batallas de trabajo y anécdotas similares a las de un noticiero, contadas por sus locutores, sin esperar su turno, y sin atender a lo que su antecesor relataba. Mensajes subliminales de 'no molestar' se dibujan en los rostros de cada viajero, en los que los ojos, tratando de no ser vistos, inspeccionan y juzgan al resto de personas del vagón.

Así son los viajes en tren camino del trabajo en una ciudad como Madrid, día tras día las mismas caras, las mismas historias... y yo, uno más de sus actores.

1 comentario:

CharlyChip dijo...

Una buena descripción, elocuente...