miércoles, 19 de agosto de 2009

Prohibido respirar

Hace unos días escuché que habían prohibido tomar bebidas alcohólicas en la playa, bueno..., puedo llegar a entenderlo, pero hoy se cruzó mi límite, prohibido jugar a las palas en la playa. Me he puesto a trastear por Internet a ver si era verídico, o era alguna otra frase soltada para atraer teleespectadores, y he descubierto que el problema aún es peor, en algunas zonas está prohibido fumar, e incluso escuchar música. Es decir, no puedes pasear al perro, no puedes beber lo que te apetezca, no puedes jugar a lo que quieras, no puedes fumar, y no puedes escuchar música, ah!!, cierto, si puedes escucharla con cascos, en plan aislado total.

Desde hace un tiempo veo que la solución a todos los problemas es prohibir, y que yo sepa, del prohibir a regular va un paso bastante grande. Ya me fastidia que me prohiban no llevar el cinturón de seguridad, como si fuera tan tonto de no valorar mi vida, pero esto es pasarse.

He leído más, y en ningún lado he visto que prohiban nada de los barcos y yates que contaminan el mar, ni de los residuos que se vierten, pero fijo que algún día nos prohibirán usar bronceador porque ensucia el agua. Soy el primero que soy consciente de que el civismo no está impreso de la misma forma en todas las personas, y que no deberían pagar justos por pecadores, pero prohibir es como dar carpetazo al asunto, la salida fácil. ¿Dónde quedó lo de tratar de educar a la sociedad?, ¿dónde quedó el pensar que no somos monos y que tenemos sentido común?, ¿dónde quedó una ley que dicte unas distancias de juego, o unos baremos de bebida, o unos decibelios de sonido?, ¿dónde quedó todo eso?, en ningún sitio, porque la palabra prohibido lo anula todo, todo. Anula la capacidad del ser humano de aprender de los errores, anula el preocuparse por el prójimo, anula el respeto y anula el valorar las cosas, prohibir es como poner la valla un poco más alta para que el rebaño no se escape.

No soy de los que me gusta hablar de leyes, ni de política, más bien trato de vivir a mi manera jugando con la realidad, pero hechos como este claman a mi cielo, que ya está demasiado negro con cosas así. Señores dirigentes, no me traten por tonto, no se rían en mi cara, y no me hagan ver que sin ustedes soy un peligro público; señores dirigentes, esto era una democracia, y digo era, porque cada vez se parece más a una dictadura.

3 comentarios:

CharlyChip dijo...

Consultaré mi futuro comentario con la almohada, no creo que tenga una respuesta simple, ni siquiera estoy seguro de que exista una respuesta...

(--->>> T <<<---)

CharlyChip dijo...

Solo te puedo indicar a modo de explicación de mi postura que a mis hijos no les he prohibido fumar o beber, simplemente he alentado sus motivos naturales para no hacerlo. Son habitos desagradables a la primera impresion se lo he dicho y les he animado a que prueben para desengañarse...nunca he necesitado decirles no lo hagas.

Siempre he alentado su propio buen criterio y que lo hagan valer, que no acepten directrices que contravengan su sentido común.

No me gustan las prohibiciones, no me fio de las motivaciones de quienes las usan y de su buen criterio...

El caso es que la educación está en decadencia como herramienta social correctora de tendencias y muchas cosas se estan saliendo de madre

¿Como corregir los problemas que eso genera a estas alturas?

Una buena pregunta para la que no se me ocurre respuesta fácil y breve.

Tengo claro que la acumulación de prohibiciones y reglas resulta molesta para una persona que se autoregula. Hace perder la sensacion de libertad, estrangula la imaginacion y la iniciativa, hace que la sana diversión se pierda.

Da la sensacion de que el estado soluciona con cortafuegos el no haber sabido crear jardines y parques llenos de humedad y frescor, el no haber sabido o querido alentar los correctos comportamientos y el sentido comun.

Alberto dijo...

No sólo es más fácil prohibir que educar, sino que lo primero se hace siempre contra el más débil. Los gobiernos han encontrado un filón de oro con los impuestos indirectos sobre algunos productos que, hasta hace muy poco, ellos mismos nos vendían: véase la hipocresia del tabaco en España. La lista de desvergüenzas sería interminable.
Gracias por la entrada.