viernes, 3 de julio de 2009

Carta a mi enemigo

No lloro, no. No rías que no lloro.
Quizá, sea el sudor de correr tanto mirando a todas partes y no verte; el susto de pensar que hoy no me he escondido y puede que hayas vuelto a perseguirme, la duda que se acuesta cada noche junto al vértigo que cabe entre mi esposa y mi tumba... La pena de los ojos de mis hijos, si no vuelvo.

No estoy llorando, no, aún no rías.
Es la saliva que desborda en mi garganta cuando ciñes mi cuello y te lo juegas al humor con que te hayas levantado, la presión de los golpes en la cara, las patadas en suelo y dar gracias a Dios por seguir vivo; es la rabia de lo absurdo que se vuelve todo cuando llega la estúpida ilusión del fanatismo, y no quiero matarte aunque pudiera...

No, no, ¿no ves? no estoy llorando.
Será que le apuntaste la dirección de mi nuca a tu bala favorita, o le contaste el último latido que concedes a tu bomba traicionera; será que coleccionas muertos como chapas de cerveza, y ya cuentas con la que te faltaba; será que casi eres invencible, un dios tirano que mata si no yerra, un tío grande que no tiene conciencia… Tal vez, el fallo de la especie, el último eslabón de nuestra identidad humanitaria, la causa impía de que el amor no exista mañana, la única razón por la que no me importaría que lo hagas…

Bueno, quizás sí llore un poco, sí.





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2 comentarios:

sara dijo...

Que bien escribes Segis!! Está muy, muy bien redactado.
Es triste pero me ha encantado.

Mil besos

Sara

Segis dijo...

Perdón, Sara, no me había dado cuenta de tu comentario :(

Gracias por tu lectura y tu comentario. Eres muy amable (demasiado, diría yo ;) ).

Recibe un abrazo,

Segis