martes, 7 de julio de 2009

AVENTURA URBANA





Hace varios años en Cabana, una villa serrana con perfume a hierbas y salpicada por dos arroyitos, se vivía una aventura cotidiana.

Se trataba de la vida interior de un vehículo asombroso. Cuando llovía era blanco y desde lejos se adivinaba su existencia. Lo llamaban el Himno Nacional por el ruido a rotas cadenas que hacía al llegar, siempre que llegara. Entonces se escalaban los peldaños hacia un interior descalzo de alfombras, vidrios inquietos y muchas evocaciones bordadas en los asientos movedizos.

Durante el trayecto, enredadas en las bolsas de compras se oían historias personales, de otros y aquellas cuyo enunciado era, “Esto queda entre nosotras…”

Al medio día se enlataban empujones, codazos y mochilazos. Como madre paciente los esperaba como lo había hecho con varias generaciones.

Como él sabía las necesidades económicas de su gente, permitía trasladar cualquier cosa: marcos de ventanas, piletas de lavar, todo tipo de herramientas y hasta la presencia de un inodoro, que al ocupar un lugar de preferencia, llevó al pasaje a pensar si se trataba de una mejora en el servicio o era el lugar destinado al inspector.

Este cubículo no viajaba a la deriva, lo conducía una gran oreja que se ocupaba, primero de llegar y después de escuchar las cuitas de todo el mundo.
Además de ser depositaria de los desahogos solitarios y chicos de jardín, llevaba noticias boca a boca durante el recorrido. A veces algunas encomiendas eran tan frágiles que cambiaban su estado en el camino. Pasaban a ser tortilla antes de tiempo.

Muchas veces el cubículo contorneaba su cintura y no era que bailara cuarteto sino que llovía y como adentro también llovía, la gente se abrazaba en los rincones.

Hubo un día de luto en la villa, la tristeza transportó a los viajeros que pudieron ver, a la vera del camino, las chatarras abandonadas de aquellos COLECTIVOS URBANOS DE CABANA.

Graciela Martellotto
http://gracielamartellotto.blogspot.com

2 comentarios:

CharlyChip dijo...

Un interesante relato de épocas pretéritas, también recuerdo cosas similares en zonas rurales aca.

Era otro tiempo, otro entorno, pero iguales circunstancias producen resultados similares en las reacciones humanas...

Besos

Domingo dijo...

Es un texto muy evocador que nos permite que, al menos, no se convierta en chatarra nuestra capacidad de sentir.