domingo, 7 de junio de 2009

El destino.


Cogió el buzo, se puso el sombrero y en silencio se dirigió a la huerta. Lloviznaba a ratos, el frió era inaguantable, los árboles se movían pero ella creía que era un buen día para coger los frutos de la plantación.Vivía en un pueblo en el que las casas no eran abundantes, la gente aún menos, pero su pasión por el campo, por la naturaleza, era más que todo eso.Ana era su nombre, azules sus ojos, sus sentimientos dorados, su pelo libre como el viento.Ese mismo día tenía que recoger los frutos y las hortalizas que meses atrás había plantado. Entonces cogió el cubo, la escalera y empezó a trabajar. Los árboles que la esperaban eran muchos: cerezos, naranjos, manzanos, lechugas, tomates...

Después de tener mitad del trabajo hecho se paró un poco a descansar. En ese mismo instante la puerta se cerró, las voces aturdían en la cabeza de Ana, todo daba vueltas. Se hechó a correr como nunca lo había dicho, como nunca pensó hacer.
Después de dos horas de vagar por el bosque y no saber donde se encontraba, la chica se sentó bajo un árbol. Pensó una y otra vez, veces y veces sin alcanzar nada, sin llegar a encontrar la solución. Aunque en el fondo no se lo creía, se había perdido.
Se levantó, subió el sombrero y se dispuso a encontrar el camino de vuelta. Estuvo una hora y media paseando y buscando la solución. Llegó a la orilla del río, allí encontró una casa media abandonada, llamó a la puerta, pero como no había nadie entró. En la pequeña casa había una mesa, una cama y una cocina de leña. Parecía que allí residía alguién.
Se acostó en la cama, como estaba tan cansada se durmió pronto. A la media hora apareció un hombre con leña en el hombro, parecía tranquilo y venía de muy buen humor. Despertó a Ana dándole un suave toque en el brazo. Tan pronto estuvo despierta se arrodilló delante del joven explicándole lo que le había pasado. El hombre atendió asombrado a cada palabra de Ana. Entendió toda la historia, y decidió ayudarla. Hoy se quedaría en la pequeña casa, pero mañana emprendería el camino de regreso.
Allí mismo, por casualidad, porque el destino lo había querido, allí surgió una verdadera amistad. Una amistad fantástica de lo que los dos se sienten muy contentos y felices.
Años más tarde se casaron, vivieron felices en el campo con la naturaleza y los animales. Siempre se acordaron de esa casualidad, la que les había hecho felices la vida, del destino que les había mantenido juntos.
Sara.

5 comentarios:

CharlyChip dijo...

Me alegra que te hayas decicido a compartir el relato en este blog.

A ver como nos va en esta batalla, espero desbloquearme pronto en este terreno y empezar a sacar yo también algun relato.

Besos

sara dijo...

Muchas gracias CharlyChip. Espero que te gustara el relato.
Anímate, vale la pena.

Muchos besoss.

Sara.

10 COLORADO dijo...

Bellisimo relato SARA, gracias. Pronto mandare alguno, enseguida que pueda, ese tiempo que no tengo y que siempre ando buscando para hacer todo lo que me gusta hacer pero que no hago, enfin igual es que quiero hacer demasiado!!!

Gracias Charly por tu visita te agradezco la invitacion enseguida que pueda te mandare algo, te felicito por tus blogs son magnificos hasta pronto!!!

AMOR Y ROSAS PARA TODOS!!!!

FELIZ VERANO!!!!

maria magdalena dijo...

Que bonita historia, dulce , tierna, casi de hadas , es encantador, me gusto mucho leerte. un beso.

sara dijo...

Muchas gracias a las dos.

Espero que os gustara el relato.

Mil besoss a las dos.

Sara